Crónicas 2016

Crónicas de Lágrimas de Aceite- 2016

un documental sobre derrames en la Selva Norte del Perú

Cartel Lágrimas Aceite p

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Crónicas de #LagrimasdeAceite (1)

Lima, 19 d´agost 2016.- Preguntas sin respuesta

Hay una mirada que transmite incertidumbre el los ojos de la gente que entrevistamos cuando preguntamos: y ahora qué, cómo salimos de aquí. Un silencio que duele.
¿Qué hacer con un oleoducto amazónico cuyo ciclo de vida expiró, pero no existen recursos para hacer uno nuevo ni otra posibilidad para sacar el crudo de los campos petroleros selva adentro? Contigo pero sin ti: Perú y el Oleoducto Norperuano.

Estamos en Lima, ciudad donde el gris de las calles se confunde con el cielo. cuadras y más cuadras para morir atropellado bajo un taxi. Por la mañana, el canto de las tórtolas y estorninos compite con las alarmas de los coches “0 kilómetros”, comprados recientemente con créditos blandos. En cinco años se ha duplicado la flota, nos advierten.

Empezamos el nuevo proyecto documental cruzando la ciudad en colectivos para descubrir que AIDESEP – la organización nacional indígena que aglutina 110 federaciones de bes con 1.800 comunidades nativas- no tiene ni un cartel en la puerta. Suerte del caballero que hace fotocopias en un locutorio de la esquina.

Conversamos con Bernabé Impi, líder Awajún y secretario nacional. Nos habla de injusticias, de ríos negros y del Baguazo, aquel episodio de represión mortal en 2009 para escarmentar a un levantamiento indígena que sacudió el país. “Ahí se dieron cuenta que existimos”. Nos habla de su compromiso en cumplir las visiones de los ancianos de su comunidad y asumir cargos directivos en la organización. Y de petróleo. Derramado por quebradas y afluentes del río Marañón. Y de acciones y pronunciamientos para intentar ser escuchados. Sordera institucional mezclada con cinismo ambiental.

Aidesep

Nos desplazamos a San Isidro para entrevistar a Juan Carlos Ruiz, abogado de los afectados por el derrame de Cuninico, en 2014. “Este derrame concentra y resume los elementos de la impunidad y dejadez de Petroperú, la empresa propietaria del oleoducto”. Demoraron meses las autoridades competentes en acudir a verificar si el desastre estaba remediado. Y cuando lo hicieron ya era tarde. El mercurio, plomo y cadmio ya estaba en la sangre y en la orina de los pobladores, principalmente niños y madres en edad fértil. Se declaró emergencia ambiental y sanitaria.
El caso fue llevado a la Corte Iberoamericana de Derechos Humanos el pasado mes. Sólo en un escenario así, Petroperú y sus abogados escucharon callados a la población y fueron desarmados ante las palabras de Flor de María. Esta mujer cocama , con sentimiento y sufrimiento narró el drama de, cuando no llueve, no poder beber otra agua que la envenenada con petróleo.

También Sandy Behr, que trabaja apoyando organizaciones indígenas en la zona de Chiriaco, nos cuenta los horrores de la mala gestión del derrame que afectó decenas de comunidades Awajún en enero de 2015. “La empresa pagaba cinco veces más que un sueldo peruano. Todo el mundo se apuntó al festín del petróleo, incluso los niños recogían el crudo con las manos”. Ahora, meses después, las borracheras y la inundación de electrodomésticos ha dado paso a la resaca. El petróleo sigue ahí, más disperso, en los campos de yuca y los pescados. Algunos niños enfermaron.

Para terminar la jornada, nos encontramos con la antropóloga Beatriz Huertas en un bar ruidoso de Miraflores. Una biografía andante defendiendo a los pueblos en aislamiento voluntario. Recién llegada de la región fronteriza con Brasil, en la Reserva Territorial de los pueblos aislados Yavarí-Tapiche, donde recogió evidencias del avance y acorralamiento de la empresa Pacific con una campaña sísmica que ocupa todo el territorio de los pueblos que huyen del contacto. Y sus trabajadores, reconociendo el miedo que experimentaban selva adentro, cuando encontraban huellas y vasijas de barro escondidas a los pies de los árboles. “Los pueblos descalzos, en su huída, abandonaban su cerámica”.

La situación se oscurece con las recientes declaraciones de los ministros entrantes de Cultura y Medio Ambiente. Hablan si rubor de forzar el contactos para integrar a estos pueblos y de entregar los parques nacionales a la exploración petrolera. Las organizaciones indígenas se defienden, proponiendo la creación de un corredor para unir los territorios de estos pueblos amenazados de desaparecer en silencio.

Basta ya. Demasiados datos y emociones para un día. El agudo pinchazo de la realidad contrastado con el valor humano de personas firmes que la combaten. Aunque hace frío y las mochilas con nuestra ropa no han llegado a Lima, ya sudamos “Lágrimas de Aceite”.

 

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